Para 1937, la sulfanilamida ya existía en formas usadas contra ciertas infecciones. Un fabricante decide ofrecer una versión líquida. La preparación se evalúa por su sabor, color y apariencia. Sin embargo, estas pruebas satisfactorias no constituyen una verificación de su seguridad.
El líquido contiene dietilenglicol, que es tóxico para los seres humanos. No se han realizado ensayos de toxicidad antes de la comercialización. En ese momento, la legislación estadounidense aún no imponía los estudios de seguridad previos que se volverían obligatorios para los nuevos medicamentos.
El producto se distribuye en varios estados. Más de 100 personas están muriendo. Agentes de la Administración de Alimentos y Medicamentos buscan las botellas, rastrean su circulación y tratan de recuperar las cantidades vendidas. Los recibos de farmacia deben ser revisados para encontrar a los destinatarios.
El desastre contribuyó a que la ley federal de 1938 reforzara los controles. Comprobación de que un líquido agrada al paladar no había demostrado que era seguro.
Lo que sabemos
La historia describe la ley y los controles de 1937, no las reglas actuales.
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Referencias consultadas el 11 de octubre de 2026. Las páginas enlazadas pueden estar en otro idioma.
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